Día del Investigador/a Científico/a 2026, en tiempos del Cientificidio
10 de abril: Día del Investigador/a Científico/a en tiempos de Cientificidio Hoy se celebra el Día del Investigador y la Investigadora Científica en Argentina. Una fecha que debería ser de reconocimiento a la labor quienes generan conocimiento para el desarrollo nacional. Pero en 2026, esta conmemoración encuentra a la comunidad científica en estado de emergencia. Mientras se nos invita a celebrar, la realidad es otra: estamos siendo testigos del cientificidio, la destrucción sistemática de décadas de capacidades científicas construidas con esfuerzo colectivo.
4/10/20264 min read


Por un sistema científico de calidad
Recomponer el sistema científico es una inversión estratégica imprescindible para la soberanía nacional: en un mundo donde la disputa geopolítica se define por el dominio tecnológico y la capacidad de adaptarse a nuevos escenarios, renunciar a la ciencia es condenar al país a la dependencia perpetua, a la primarización económica y a la vulnerabilidad estructural ante crisis sanitarias, climáticas o alimentarias. Estos desafíos solo pueden resolverse con conocimiento y capacidades propias. La destrucción del aparato científico argentino no solo implica la pérdida irreversible de capital humano formado, plasmado en una fuga de cerebros que tardará décadas en revertirse, sino que socava de forma directa la posibilidad de salir adelante. La defensa de la soberanía alimentaria, la energética y la sanitaria, y de construir un modelo de desarrollo que trascienda los ciclos extractivistas son algunos de los puntos de crucial importancia para los cuales el potenciamiento del sistema científico resulta indispensable. La ciencia es el único camino contra la dependencia y el atraso tecnológico: sin ella, se busca que Argentina quede reducida a un territorio de recursos naturales que son utilizados y aprovechados en otras naciones, incapaz de negociar en condiciones de igualdad. Recomponer este sistema es, por tanto, una decisión de política de Estado que define si el país proyecta un futuro de autonomía o resigna su destino a la condición de periferia subdesarrollada.
La crisis del sistema científico argentino no es metafórica. Los datos del último Análisis Presupuestario del SNCTI (marzo 2026) dibujan un escenario dramático:
📉 El financiamiento colapsa
La Agencia I+D+i, el fondo sectorial de inversión más importante del sistema, sufrió una caída brutal del 85,5% en tres años (en términos reales).
La inversión en Ciencia y Tecnología como porcentaje del PBI pasó del 0,352% en 2015 a un proyectado 0,140% en 2026. Una reducción del 53,4% que sitúa a la Argentina en mínimos históricos de inversión científica.
🔪 Los organismos emblemáticos en la mira
El CONICET y el INTA, los dos organismos más grandes del sistema, vieron caer sus presupuestos un 17,7% y 20% respectivamente durante 2024.
Para 2025, la sangría continúa: -14,2% para CONICET y -24,8% para INTA.
Desde 2023, estos institutos han perdido entre 34 y 47 puntos reales de financiamiento.
💸 Los salarios no alcanzan Desde noviembre de 2023, los salarios del sector CyT pierden terreno contra la inflación:
CIC-CPA y Becas del CONICET: -39,5%
Universidades Nacionales (UUNN): -33,2%
SINEP: -31,0%
¿Qué es el cientificidio?
El cientificidio es el proceso de destrucción deliberada o negligente de la infraestructura científica, la expulsión de investigadores formados y la interrupción de líneas de investigación estratégicas. Es más que un ajuste fiscal: es la renuncia a la soberanía intelectual y tecnológica de un país.
Liaudat, S., & Bilmes, G. M. (2024). El concepto de cientificidio. Ciencia, Tecnología Y Política, 7(13), e123. https://doi.org/10.24215/26183188e123
Cuando se recorta un presupuesto de ciencia, no se reduce un gasto: se destruye capital humano formado durante décadas. Se cierran laboratorios, se interrumpen proyectos que tardaron años en madurar, y se empuja a jóvenes investigadores a la emigración o al abandono de la carrera.
Por una ciencia soberana
La defensa de la ciencia es, ante todo, una decisión política. No se trata de un reclamo sectorial de "privilegios", sino de la supervivencia de una infraestructura estratégica para el desarrollo nacional.
Sin ciencia no hay soberanía alimentaria (INTA), no hay soberanía tecnológica, no hay capacidad de respuesta ante pandemias ni crisis climáticas. Sin investigadores e investigadoras formados, no hay futuro posible para la industria nacional, ni para la salud pública, ni para la educación universitaria.
El slogan "Por una ciencia soberana" que flamea en las movilizaciones del sector no es un pedido de aislamiento, sino de autonomía capacitante: la posibilidad de que el país pueda resolver sus propios problemas con talento propio, sin depender de la voluntad extranjera para tecnologías críticas.
Este 10 de abril no podemos conformarnos con felicitaciones formales. Es un día para visibilizar la resistencia de quienes, a pesar de los recortes salariales y la falta de insumos, continúan produciendo conocimiento en universidades, centros de investigación y laboratorios de todo el país.
Es un día para recordar que la ciencia argentina, a pesar de décadas de subfinanciamiento histórico, ha logrado hitos extraordinarios: desde vacunas propias y tecnología satelital hasta desarrollos en energía nuclear y biotecnología. Pero esa capacidad no es indestructible. Se está derrumbando ahora, y su reconstrucción costará décadas.
No al cientificidio. Por una ciencia soberana, financiada y valorada.
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